Silvina: El Arte como Viaje y Sanación

"Algo que aprendí en la vida", reflexiona, "es que no era lo importante en cómo me llaman, sino qué tipo de vínculo tenemos y qué realidad creamos a partir de conocernos".... ( Silvina Schäfer ) LEER ...

Eduardo Lucas ( Basado en Textos de Silvina Schäfer )

12/22/20255 min read

El Arte como Viaje y Sanación

Introducción: La Esencia de la Conexión

Para comprender la obra y la vida de la artista Silvina, es necesario empezar por donde ella misma lo hace: con su nombre y la peculiaridad de que casi nadie lo recuerda. Esta anécdota, lejos de ser trivial, revela su filosofía central: la primacía del vínculo genuino y la realidad compartida sobre las etiquetas superficiales. "Algo que aprendí en la vida", reflexiona, "es que no era lo importante en cómo me llaman, sino qué tipo de vínculo tenemos y qué realidad creamos a partir de conocernos".

Esta premisa es la clave para decodificar una trayectoria vital y una producción artística profundamente entrelazadas. Por lo tanto, la trayectoria de Silvina no debe leerse como una cronología, sino como una topografía del alma, donde cada evento —una mudanza, una enfermedad, un lienzo— es un relieve que marca un profundo cambio interior. Este viaje de reconexión comenzó con un acto fundacional: la decisión de abandonar la ciudad para reencontrarse con la naturaleza y, en última instancia, consigo misma.

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1. El Despertar: El Llamado del Chamanismo y la Naturaleza

La decisión de Silvina de dejar la vida urbana hace más de tres décadas fue mucho más que un cambio geográfico; fue un acto fundamental de auto-reconexión que preparó el terreno para su despertar espiritual. En retrospectiva, ella misma reconoce que "cada paso que iba dando en ese momento, sería más que significativo para mi vida después". Se trasladó al sur del país, se reencontró con un antiguo amor y juntos formaron una familia con tres hijos. Este retorno a un ritmo de vida más orgánico y desafiante cultivó la sensibilidad y la quietud interior necesarias para su inminente despertar espiritual.

Su iniciación en el chamanismo marcó un punto de inflexión irreversible. La experiencia de su primer "viaje" al son del tambor fue de una intensidad transformadora. El reencuentro con su animal de poder la sumergió en una realidad interior de una viveza abrumadora. En sus propias palabras, la experiencia fue tan profunda que la confrontó con el mundo ordinario:

"...fue tan tan vivido y maravilloso, que no me quería volver a esta realidad!!! Fue como ooohhh en el sentir, visualmente, todo era maravilloso!!!"

Ese encuentro selló una promesa: volver a explorar ese universo interior. Con la ayuda de una simple grabación de tambores en un Walkman, comenzó a cultivar una relación constante con ese "mundo maravilloso" que la guiaba desde adentro. Lo que empezó como una "técnica" trascendió rápidamente para convertirse en "una forma de vida", una herramienta de introspección y guía que pronto sería puesta a prueba de la manera más desafiante posible.

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2. La Prueba del Fuego: Sanación a Través de la Conciencia

El diagnóstico de cáncer de bazo a los 32 años no fue solo una crisis médica, sino un momento decisivo de introspección donde su incipiente práctica chamánica se convirtió en su ancla y su brújula. Su enfoque de sanación se manifestó como un proceso integral, donde la conciencia y la acción espiritual eran tan cruciales como la intervención médica. Ante la orden de reposo absoluto, su respuesta inmediata fue realizar un viaje chamánico.

Durante este período, Silvina integró dos mundos aparentemente opuestos. Su vida transcurría entre la medicina convencional ("que me saquen sangre") y la práctica espiritual ("los viajes Chamánicos"). Reconoce que el chamanismo fue la "poderosa herramienta" que le permitió "entender por dónde iba la cosa", dándole un marco de significado a la crisis. La anécdota más reveladora de esta simbiosis ocurrió justo antes de su cirugía: en un viaje, vio a los animales de poder de los médicos operándola. Esta visión le infundió una "mucha confianza y fortaleza" y le permitió "entregarse" al proceso, transformando el miedo en aceptación.

Este camino no estuvo exento de dificultades. Criar a tres hijos pequeños mientras enfrentaba la enfermedad y el juicio de una sociedad que "cree que tiene el derecho a decirte cómo, cuándo y porqué tenés que vivir tu vida". Este conflicto con la mirada externa se convirtió en el catalizador final para su soberanía interior; el juicio ajeno la obligó a anclarse de manera irrevocable en su propia sabiduría, un acto de autoafirmación que precede a toda sanación. El apoyo de su pareja y de un círculo cercano, sumado a la disciplina interior que el proceso le exigía, la forzó a "aprender a verme, sentirme, y escucharme". De esta experiencia destiló una verdad fundamental sobre la soberanía personal en el camino de la sanación: "Mis elecciones no las puede tomar otro, y las elecciones del otro son del otro". Esta profunda toma de conciencia sobre la sanación como un acto de voluntad personal fue el catalizador directo que daría a luz a su expresión artística formal.

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3. La Expresión Artística: Un Manifiesto del Viaje Interior

La práctica artística de Silvina emerge como la manifestación tangible y necesaria de todo su proceso de sanación y descubrimiento espiritual. Su arte no es una mera representación estética, sino el testimonio visual de un viaje interior. Como ella misma afirma, su necesidad de pintar "siempre fue y es una forma de manifestar en esta dimensión mucho de lo que voy sintiendo y viendo en mí".

Su obra se puede entender en dos fases evolutivas claras, que reflejan su propio proceso:

Primera Fase: Ecos Chamánicos. Sus primeras obras fueron una traducción directa de sus viajes chamánicos. Este acto creativo puede ser interpretado como un esfuerzo por traer a la "dimensión" ordinaria las visiones, los símbolos y las sensaciones de su mundo interior, dándoles forma y color.

Segunda Fase: La Geometría del Alma. Posteriormente, su práctica evolucionó hacia la pintura de mandalas. Esta transición hacia formas geométricas y simétricas le enseñó lecciones fundamentales sobre "la paciencia, la armonía con los colores, las formas". Este giro hacia la geometría sagrada del mandala no fue un abandono de sus visiones, sino su ordenamiento. Representa una maduración en su proceso: la integración de la experiencia chamánica, a menudo caótica y extática, en una estructura de equilibrio y coherencia universal.

Así, su práctica artística trascendió el mero reflejo de sus experiencias para convertirse en la herramienta activa de su autoconocimiento: un diálogo ininterrumpido donde cada lienzo es un acto para "mirarme, de sentirme, de seguir sanando".

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4. Filosofía Artística: Una Invitación a Sentir

La filosofía que subyace en la obra de Silvina es, en esencia, una invitación a la experiencia compartida. El propósito de su arte no es la contemplación pasiva, sino la activación de la percepción y el sentimiento en el espectador. Ella se concibe a sí misma como un canal, un puente para "expresar esas dimensiones" a las que ha accedido a través de su viaje personal. La obra, por tanto, solo se completa en la interacción con quien la observa.

Su declaración de intenciones es clara y directa: "Lo que sientes y percibes al observar y a dónde te lleva es lo que te permite experimentar". El valor de la pieza no reside en el objeto en sí, sino en el portal que abre para el otro. Cada cuadro es una ofrenda, una oportunidad para que el espectador emprenda su propio viaje interior. Su llamado a la acción es una invitación generosa a participar en un proceso universal de introspección y resonancia.

Con sus propias palabras, nos tiende la mano: "De alguna manera te estoy invitando a sentir esos viajes, esa sanación que también es la tuya". De este modo, el arte de Silvina completa el círculo iniciado en su filosofía del nombre: transforma un viaje radicalmente personal en un portal para el vínculo universal, demostrando que la verdadera sanación no reside en la identidad que nos nombra, sino en la realidad compartida que nos atrevemos a sentir juntos.